Ricardo Gareca, de villano a héroe del fútbol peruano

Ricardo Gareca, de villano a héroe del fútbol peruano

El uniforme albiceleste fue el 30 de junio de 1985 lo más parecido a un traje de villano. Nos dejó en la oscuridad, asustados, temerosos como tras el final de la película más terrorífica. El presente se empezó a convertir en pasado cuando Ricardo Gareca, el pelucón y rebelde delantero argentino, nos quitaba la esperanza de ir a un mundial al empujar el balón tras un rebote en el palo.

Era el 2-2 con el que la ‘Albiceleste’ que comandaba Diego Maradona aseguraba un lugar en México 1986. La sonrisa dentro del arco no se le borraba. Mientras Buenos Aires era el epicentro de la alegría, Perú se quedó en silencio. Nos rompió el corazón.

A él se lo rompieron unos meses después cuando Carlos Bilardo dio la lista de convocados a la copa del mundo y su nombre no estaba. En una concentración en Chile previo a un duelo de Copa Libertadores con el América de Cali, el ‘Tigre’ entró al comedor para almorzar y todos se quedaron callados. Le dieron la noticia y Gareca se fue a su cuarto a llorar. El golpe más duro de su carrera lo noqueó. Al hombre que los llevó, no lo llevan.



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